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Incertidumbre




Llevo días sin escribir. Me está costando mucho, la verdad. Llevo una época en la que muchas parcelas básicas de mi vida están muy lejos de estar sólidas, estables o tranquilas.


Papi ingresado por enésima vez este año por una insuficiencia cardíaca y sus respectivas consecuencias; yo con un dolor y con una inflamación en el lado izquierdo (zona hígado) que me tiene “cagaita” (mañana me lo reviso); en el trabajo en medio de una tormenta de rayos y truenos con la que está cayendo ya fuera; un futuro muy incierto; un orzuelo en el ojo derecho; una lesión en la muñeca izquierda que me tiene frita desde hace meses; ciática; Dani inestable en el trabajo; temas familiares varios; un coche roto continuamente; incertidumbre con mi nuevo tratamiento que aún no sé cómo está funcionando; impulsar cabezotas, que soy inexperta, y a veces me cuesta planificarme bien; en fin, que a ratos tampoco me importaría hacerme un rato bicho bola y simplemente rodar y rodar.


Además, trasladarse a ciertos momentos pica, escuece, araña, quema… menos mal que a la par tengo muchos mensajes de felicitación por el proyecto llenos de cariño, ánimo y apoyo y que hacen que rascar ahí, sea un poquito más doli-gusti que un ardor insoportable.


Por tanto, sé que me perdonas si a veces tardo un poquito más.


Así pues, retornando a esa terraza de la calle Fuencarral aquel 17/11/2016, tras darle la noticia a Dani y que Mirari pensase que esa situación no estaba siendo para nada como en las pelis porque nuestro estado era más bien de fliping in colours que de tristeza o preocupación, nos fuimos como autómatas a Orense 6. Esa casa es inolvidable. Es una fiel testigo de fiestas, quedadas, conversaciones, resacas, y muchos ronquidos de visitas fugaces (y no tan fugaces), en un sofá que ocupaba casi todo el salón y que atrapaba a tu persona en el mismo instante que descansabas tus posaderas en él.


Y esa noche Mirari durmió conmigo. No querían dejarme sola. He de confesarte que tengo mala memoria y a veces necesito preguntar. Raquel me recuerda que mi máxima obsesión tal día como hoy hace 4 años era el cómo iba a contárselo a mis padres, y aunque no te lo creas, no tengo ni puñetera idea de cómo lo hice….


Mi mami preciosa, cada vez es más común que sueñe despierta con recuerdos de infancia; mi papi, un señor con barba, le ha hecho varias veces un buen corte de manga a la mujer de negro y entre peineta y peineta, ha pasado un ictus gordísimo que le ha dejado la memoria un poco tocada. Así que menudos tres. Esto, estoy convencida, que son mecanismos de defensa que tiene el cuerpo cuando la realidad es tan dura que es difícil de enfrentar, pero dicha afirmación como muchas otras que leerás aquí, están basadas en estudios que me invento yo ; ). Al final cada uno habla desde su experiencia y realidad. Total, que tenemos la sensación de que fue todo muy triste, muy duro y muy angustioso, pero ninguna idea de pormenores. Imagínate.


Eso sí, recuerdo sensaciones y mucho caos los días siguientes. Mucha espera, muchos médicos, más espera, mucho rimmel corrido, mucha espera, muchas dudas, otra vez rimmel corrido (uy perdón, quería decir máscara de pestañas por si lo lee Clara), muchas preguntas, más lágrimas, muchas dudas, mucha ansiedad. Mucha mierda de ansiedad. Aunque tampoco puedo negar una cosa; hubo mucho cariño, muchos abrazos, muchos mimos, muchos cuidados, muchos regalos y mucho mucho amor.


Dani cogió un vuelo de vuelta de Alemania esa misma noche para el día siguiente. Recuerdo cuando llegó un abrazo eterno y empapado de lágrimas. Los abrazos de Dani siempre me han parecido “casa”, son muy envolventes y siempre me he sentido muy a gusto y como a salvo. Hay una canción que cada vez que la escucho me recuerda a esa sensación de estar entre sus brazos musculosos y peludos; “Rather be” de Clean Bandit: “We're a thousand miles from comfort, We have travelled land and sea, But as long as you are with me, There's no place I'd rather be”.


Me acuerdo que me cogió bien fuerte las manos y me dijo con una convicción aplastante: Tú sabes que de esto no te vas a morir ¿verdad Tami?. Me lo dijo con el mismo tono y la seguridad con el que un juez americano dicta sentencia en las pelis. Y yo, me lo creí. Y qué bien me hizo escucharlo. Hasta ese momento nadie me había hablado tan claro de la muerte aunque la palabra cáncer casi lo lleve implícito en sus letras. No lo sabía pero lo necesitaba mucho. Necesitaba que alguien me hablase claro y que además creyese en mí así, de aquella manera tan firme. Si él tenía una fe tan ciega, ¿por qué no iba a ser posible?

Aproveché una cita ya reservada antes de la bomba con mi psicóloga María Jesús que casualmente era psico-oncóloga, aunque yo hasta ese momento estaba tratando la ansiedad galopante que me tenía empastillada con paroxetina desde hacía más de 6 meses. Ella había pasado por varios cánceres por lo que sabía perfectamente de lo que habla; no solo por la amplia experiencia que tiene con sus pacientes, si no por sus propios procesos. Su sorpresa fue mayúscula cuando ese día en vez de hablarle de lo harta que estaba de la situación en el trabajo o de mi condición de superwoman siempre for you, le solté el bombazo. Automáticamente canceló a su paciente siguiente y entre muchas cosas me dijo algo que para mí fue paliativo. En un folio en blanco, me escribió en azul y bien grande: EVIDENCIA. Aún lo conservo. La evidencia de ese preciso momento era que yo tenía un bulto y me lo estaban analizando. Punto. Aún no sabíamos qué era. Aún no teníamos nombre y apellidos. Aún no había ninguna hoja de ruta. Aún no sabíamos ABSOLUTAMENTE NADA MÁS. Pensaréis que es una tontería pero os juro que en ese momento fue otra muleta más con la que andar los siguientes días en los que la incertidumbre camina pegada a mi y asfixiando.


En el banco tenía dos compañeras a las que admiraba mucho y que habían pasado también por un cáncer de mama. No dude ni un segundo en quedar con ellas para que me contasen todo lo que pudiesen.

Primero me reuní con MJ. Ella me contó su experiencia, los tratamientos que hizo, algunos tipos de pruebas y me dijo que lo más importante era ponerle nombre y apellidos al tumor para saber la hoja de ruta. Me dijo que se trató en el Hospital HM Sanchinarro y estaba muy contenta. Me explicó que los tumores de pecho sobre todo se dividían entre hormonales y no hormonales. Que su caso había sido hormonal y que si ése era el mío, tenía “suerte” dentro de todo porque una vez pasada la cirugía y tratamientos correspondientes, se continúa con una pastilla que previene la recidiva; bueno, debe ser que es en la mayoría de los casos, pero obviamente y como bien sé, no en todos.


B sin embargo, me contó que había tenido un triple negativo. Éste tipo de tumor es muy muy agresivo pero si se coge a tiempo y responde al tratamiento, se supera como ella misma hizo. Me contó sus tratamientos, me dio un montón de tips súper útiles, me transmitió mucha fuerza y me dijo que tenía un grupo de whatsapp con mujeres que había conocido durante su proceso y que le venía genial compartir con ellas. Me comentó que se trató en La Paz y que estaba encantada. Me descubrió a Ángela Navarro y me convenció cuando me dijo el mimo con el que allí te tratan. En esos momentos solo necesitas mimos.

La verdad que esas conversaciones me tranquilizaron mucho. Al menos ya tenía un poquito más de información.


Ahora solamente queda esperar la llamada del Doctor.


Así que, hasta la próxima muy #cabezota, seguimos caminando.









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